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Las Loceras de El Cercado: el barro que se resiste a desaparecer

En El Cercado, un pequeño núcleo de Vallehermoso, La Gomera, un grupo de mujeres sigue haciendo cerámica exactamente como se hacía antes de que existiera el torno de alfarero: a mano, con arcilla local y un canto rodado de mar como única herramienta. No es una recreación para turistas. Es un oficio que nunca dejó de practicarse.

Barro sin torno, técnica de otro tiempo

El proceso empieza con el masapé, la arcilla que se extrae cerca del propio pueblo. Se machaca, se limpia y se amasa con agua. A partir de ahí, todo es manual: las piezas se levantan por rodetes —cordones de barro superpuestos uno sobre otro—, sin torno ni molde. Para alisar y pulir las paredes, las loceras usan una piedra de callao (un canto rodado de playa) y un trozo de latón. Antes de cocerlas en horno de leña, las piezas se «ahúman» varios días en la cocina de la propia casa-taller, un paso que distingue a El Cercado de otros alfares canarios.

¿La misma técnica que los antiguos gomeros?

Es tentador decir que esta cerámica es idéntica a la que hacían los aborígenes de La Gomera antes de la conquista castellana — y hay buenas razones para pensarlo: la ausencia de torno es, precisamente, el rasgo que la arqueología documenta en la cerámica guanche, un rasgo que nunca se sustituyó en las islas. Pero conviene ser precisos: lo que existe es un fuerte parecido técnico entre ambas, documentado por etnógrafos como Natacha Seseña, no una prueba arqueológica de continuidad ininterrumpida específica de El Cercado. Lo más honesto es decir que es una técnica de raíz aborigen, tal como la describen los propios investigadores — no una cadena documentada sin ninguna interrupción.

Un oficio transmitido solo entre mujeres

Durante generaciones, ser locera se ha heredado de madres a hijas — un patrón bien documentado, aunque el motivo exacto de esa exclusividad femenina no está resuelto con solidez académica: la propia investigación especializada reconoce que falta un estudio antropológico riguroso sobre por qué ocurrió así. Lo que sí se sabe es que, antiguamente, las loceras vendían su producción a cambio de comida, caminando descalzas y con la loza cargada en la cabeza hasta San Sebastián de La Gomera, de noche, cuando no había ni guaguas ni carretera.

Un oficio que se reduce, año tras año

A finales de los años 80 había 15 loceras activas en El Cercado. En 2016 quedaban entre 8 y 10. En 2018, de esas diez, solo dos se dedicaban al oficio a tiempo completo — el resto lo compaginaba con otra actividad. «Esta actividad corre el riesgo de desaparecer», declaró entonces una de ellas. De los seis alfares tradicionales que llegó a tener La Gomera (Alajeró, Arure, Benchijigua, El Gato, Erque, La Fortaleza), El Cercado es el único que sigue vivo.

Lo que se está haciendo para que no se pierda

Desde 2009, el Centro de Interpretación «Las Loceras» —impulsado conjuntamente por AIDER La Gomera y el Ayuntamiento de Vallehermoso— reúne paneles, piezas y vídeos sobre el proceso completo, y funciona como puerta de entrada a los talleres-tienda del barrio, donde se puede ver a las artesanas trabajar en vivo. También se han impulsado cursos en colegios: de uno de ellos salió, según la prensa local, posiblemente el primer locero varón de la historia del oficio.

Piezas con nombre propio

El carabucho —un recipiente de dos asas para ordeñar cabras— es la pieza más característica de El Cercado. Junto a él, gánigos, tofios, bernegales y ollas castañeras siguen saliendo de las mismas manos, con las mismas herramientas, del mismo barro de siempre.

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