En 1592, el cartógrafo Leonardo Torriani ya marcaba Arinaga en su mapa de Gran Canaria. Pero el lugar llevaba mucho más tiempo dando de comer a la isla: desde al menos 1563 —así consta en el libro de cuentas del archivo parroquial de Agüimes— sus canteras de caliza abastecían de cal a buena parte de Gran Canaria.
De cantera a pueblo de pescadores
El asentamiento original nació ligado a esa explotación de piedra caliza, no al mar. Con el tiempo, la costa —lo que entonces se llamaba simplemente «Playa de Arinaga»— fue creciendo como un pequeño poblado de pescadores, mientras la cantera seguía abasteciendo de cal a toda la isla. Cal y pesca, dos oficios conviviendo en el mismo tramo de costa durante generaciones, antes de que existiera nada parecido a un núcleo urbano.

La sal que llegó por donación de un obispo
El 27 de abril de 1804, el obispo Manuel Verdugo donó «300 pasos de cuadro» de terreno en Arinaga para construir unas salinas. No fue un gesto simbólico: desde su creación, esas salinas empezaron a abastecer de sal a los pesqueros que faenaban en el caladero canario-sahariano, uno de los más productivos del Atlántico en aquella época. En una isla sin frigoríficos, sal y pesca eran, literalmente, la misma cadena de subsistencia — sin sal no había forma de conservar la captura para venderla tierra adentro.
Un Bien de Interés Cultural con nombre propio
Las Salinas de Arinaga fueron declaradas Bien de Interés Cultural, con la categoría de Sitio Etnológico, el 10 de junio de 2008 — un reconocimiento tardío pero justo para más de dos siglos de historia productiva real, no solo pintoresca. Hoy, sin actividad salinera activa, siguen siendo el testimonio más tangible de por qué existe Arinaga donde existe.
El Arinaga de hoy
El pueblo pescador se ha convertido en un núcleo residencial y de servicios grande dentro del municipio de Agüimes, con su propio polígono industrial y residencial — de hecho, hoy Arinaga se reparte en varias localidades distintas (Cruce de Arinaga, Playa de Arinaga, los dos polígonos) que comparten el mismo topónimo de cuatro siglos. El nombre sigue siendo el mismo que apuntó Torriani en 1592, aunque el pueblo que describía ya no se parezca en nada al de hoy.