Antes de la conquista castellana, Gran Canaria no tenía una única capital: estaba repartida en dos reinos, gobernados cada uno por su propio guanarteme. Uno tenía su sede en Telde. El otro, en Gáldar — entonces Agáldar.
Un palacio excavado en la roca volcánica
Lo que hoy se visita como Cueva Pintada era, en realidad, parte de un poblado aborigen completo: casas, zonas de almacenamiento, espacios rituales y cuevas artificiales excavadas en toba volcánica. La cueva que da nombre al conjunto conserva un friso pintado con motivos geométricos en negro, blanco y rojo, realizado hacia el siglo XII con almagre —óxido de hierro rojo, el mismo pigmento que usaban en gran parte del archipiélago—.

Guanartemes y faycanes: dos poderes bajo el mismo techo
Antes de la conquista, Gáldar era el lugar de encuentro entre los guanartemes (los jefes aborígenes) y los faicanes o faycanes. El faycán no era un rey ni un guerrero: era una figura de poder religioso, la segunda posición de la jerarquía aborigen, que convivía con la corte del guanarteme y organizaba buena parte de la vida religiosa y administrativa del reino. Gobierno y culto, en el mismo espacio.
De yacimiento olvidado a museo real
La Cueva Pintada se descubrió oficialmente en 1873, pero pasaron más de cien años —y décadas de trabajo arqueológico— hasta que el yacimiento se abrió como museo en 2006. Hoy es uno de los conjuntos arqueológicos aborígenes más completos de todo el archipiélago, y sigue en el mismo sitio donde convivieron guanartemes y faycanes hace ochocientos años.
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Puedes visitar la ficha de Cueva Pintada de Gáldar en Canarify, o leer sobre Telde, el otro reino aborigen de Gran Canaria.